
Los medios de comunicación han sido taxativos al respecto.
Ninguno de ellos ha discrepado. El tipo era -sin lugar a dudas- un tarado, alguien
que se volvió gagá de la noche a la mañana. Tampoco hay que extrañarse, son
cosas que pasan. Los recodos del cerebro humano son inconmensurables. O tal vez
fue habilidoso, y supo enmascarar su verdadera personalidad, contraria a
aquella de la que brevemente dan cuenta los vecinos entrevistados “un tipo
normal, incluso amable, aunque últimamente se le veía un poco raro y
taciturno”. En cualquier caso, esta historia no ocupará más de cuatro líneas en
la esquinita de cualquier periódico, o veinte segundos en el noticiario de las
tres. Habrá quien pegue un pequeño brinco por suceder en su barrio, quien tome de
la mano a su marido por tener la misma edad, quien cambie de canal para ver el
resumen de la Champions y no sentirse perturbado. Su verdadera historia -de
cómo perdió todo de la noche a la mañana- se quema con él, y ninguno de
nosotros será capaz de volver a juntar esas briznas de realidad.
Esta es mi aportación a la tercera jornada de la convocatoria “La primavera de microrrelatos indignados 2013”. Si quieres leer más microrrelatos indignados, puedes pincha aquí.